lunes, 21 de noviembre de 2011

Cartas del fondo del baúl

Aún recuerdo cuando veía es baúl hace muchos años, era gigante! casi no le pasaba la altura. Siempre lo miraba, pensando en las grandes cosas que podía haber dentro, cosas mágicas, cosas de niños, como juguetes, dulces y un sin fin de canicas. Ya al madurar no miras el baúl, de hecho no miras nada, nada que esté cerca tuyo, siempre quieres lo que esta lejos, mientras más fuera de tu alcance esté, mientras más pequeño se vea a la distancia, más valor tiene para ti. Hoy he "inmadurado", sí, porque he vuelto a entrar a la pieza de mi madre, y he mirado nuevamente por horas ese viejo baúl. Estaba igual, tal y como alguna vez lo admiré. Algo me llamó la atención, y es que no tenía candado, aunque nunca lo tuvo, pero las pequeñas y hermosas manos que alguna vez tuve y que no me permitían abrirlo, ya no eran las mismas, tal vez hasta sean otras. Me decidí a abrirlo, con lágrimas y suspiros. Estaba todo lo que nunca imagine, sentimientos, vida, colores, todo eso que dejamos atrás al mirar a la distancia... y muy al fondo, cartas, cartas de todo tipo, de todos esos tipos que nunca leí ni escribí, de todo eso que nunca busque pero que siempre me faltó. Te amo hijo...

Y así es como mi madre, con una sola carta que encontré hoy como única herencia, me explicó lo que siempre me quiso enseñar, pero que nunca quise aprender. No es solo cosa de niños...

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