domingo, 15 de agosto de 2010

Un reflejo del techo

Hay capas azuladas
de impetuoso origen,
perfeccionista y bipolar
te miran las luciérnagas
aleteando suaves colores de brillante sabor.

Espíritus visibles del cosmos,
patentaron su territorio como dios,
poco a poco,
inmortalmente creo la mortalidad,
se miro al espejo y se copio
aunque lastima es que todo a de ver al revés.
Reflejo maldito reflejo.

Un día un pequeño niño,
tomo aquel espejo,
y jugando al imitador se le callo.
Infinitos pedazos a de quedar en la alfombra,
algunos atrapados por pelusas,
otros reflejaban extremidades del niño,
su mano, sus pies descalzos y dañados,
oh pobre dios.

Perdón eh de suplicarte madre,
solo vida quería crear,
bellas rosas de colores saboteadores
del negro de mis ojos,
cerrados por la perpetuidad del santo vino
rojo llameante de mi corazón y sangre.

Múltiples colores de mi imaginación,
la imperfección de mi visión,
enfermos mis ojos caen de vejes
todo muere y nace por amor.

Hijo mio,
torpe eres al inspirarme
del todo débil ser,
envidia nace de mi
a tu mente implosiva
y maternal.
Das vida a lo imperfecto de tu ser.

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