Aquellas palabras,
sonaras y ambiguas,
pero cándidas como la nieve
y abrasador,
abrasador.
Poco contemporáneos,
como nosotros.
Como extraño ver esas caras,
risueñas y únicas,
únicas como tú,
normales como yo.
Aquella flama
insensible del mar temporal.
Esos profundos ojos
lumínicos de vida y sol,
de paradojas.
OH! DIOS!
del agua y el fuego
a nacido el nativo del viento,
seco como tu soplido,
seco como te suplico.
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