viernes, 2 de julio de 2010

La Familia

Hey!- grita aquel niño flaco, hijo de padre obrero y madre empeño, que toda su vida, en pleno y auténtico sudor, lograba... bueno, lo que los muchachos logran. No era un niño prodigio, estaba siempre columpiándose en el columpio de la plaza, pensando en una que otra barbaridad. Como todo niño, entusiasmado e inspirado, pensó en que podría ser cuando grande. Primero dijo obrero como su padre, empeño como su madre, astronauta, futbolista, super-héroe o flamenco. Vio una niña pasar, aunque la verdad no era distinguible que era, si niña, niño o espejismo. Recuerdo que un día su padre le dijo: Hijo, nada es imposible. Por supuesto no entendió nada de lo que le dijo, se los dijo cuando tenia medio año de vida, fue una locura. Que niño tan franco, lleno de todo; alegría, pesadillas, modestia, serenidad; envidia del mismo Fuego azul, tibio e inofensivo, elegante. Siempre tan pero tan iluso, de ojos húmedos color cascada - Hey hombre! - Perdón niño, estaba pensado - le conteste. ¿Qué hora es? - preguntó - No lo sé hijo. Bueno, gracias - y se marcho.

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