El zorro deambulaba, sintiéndose observado en una tarde de invierno, pero el bosque tenía los ojos cerrados y la voz reticente.
El zorro quería encontrar una cueva donde no sentir.
El zorro encuentra un tronco hueco y se acurruca, cierra los ojos para huir de una sombra pesada y dolorosa.
Despierta como lechuza, ve su sombra y se asusta.
La lechuza sale volando lejos, con dirección al sol, escapando de la tierra y su verdad.
La lechuza se acurruca en una nube, cierra los ojos para huir de una sombra pesada y dolorosa.
Despierta como león, imponente y magnífico.
El león se dio cuenta que no era león.
El zorro se dio cuenta que el bosque abrió los ojos y le habló con el viento.
El zorro siguió el viento.
La lechuza lo siguió.
El león los esperaba.
Y llegó.
Y llegaron.
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