viernes, 3 de junio de 2016

Cuando era niño le tenía miedo a la oscuridad, a los truenos, a los perros grandes, incluso a la gente mayor. Me asustaba caerme de la escalera, o que me retaran en el colegio. Tenía miedo a que me violentaran, le tenía miedo al dolor, aunque no estaba al tanto de lo que significaba la muerte. Me gustaba correr, saltar y tirarme al suelo. Me encantaba ser amado, me encantaba amar, aunque realmente yo no entendía nada de eso, solo estaba jugando en un mundo que me parecía bello.

Cuando crecí me di cuenta que no valía la pena tenerle miedo a la oscuridad, aprendí que los perros en verdad tienen más miedo de lo que aparentan, que los truenos están demasiado lejos para temerles, y que la gente mayor, es solo eso... gente mayor. Aprendí a bajar y subir escaleras a oscuras si así se me apetecía, y hasta podría decir que no le tengo miedo a la muerte.

Pero ahora le tengo miedo a amar, y eso es suficiente para querer ser niño de nuevo...

Y estoy seguro de que así se sentirán varios, en este mundo que aunque sea bello, lo atormenta una sombra que se llama inconsciencia humana.

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