Hubo una vez un niño que nació con el pelo blanco, blanco como la nieve, blanco como queda mi mente cuando me quedo mirando tus ojos con sabor a naranja, pero ese cuento para otro día... en qué estaba... A sí! el niño de pelo blanco, bueno supongo que ya te quedo claro que tenia el pelo blanco, por favor no me dejes distraer.
La cosa es que cuando creció, a los 20 años más o menos, por esas edades medias complicadas, le empezaron a salir canas, de color morado. A este joven le ponían de mal humor las canas, las odiaba profundamente, pero estaba totalmente indispuesto a teñirse el pelo, el pensaba que eso era de maricones, así que cada vez que encontraba una cana morada, se la sacaba, así sin más, de raíz y punto.
Con el tiempo el joven fue creciendo, y por ende, llegaban más canas. Ya no eran unos cuantos pelos, ya eran mechones enteros... muy a su pesar se empezó a teñir el pelo, y así y todo logró continuar con su vida.
Mucho tiempo después a la edad de esa que no te quiero contar más o menos, se aburrió de teñirse el pelo, así que lo dejó así, sin mas. Al tiempo tenía el pelo todo morado.
Podríamos decir que de niño albino, pasó por uno de esos locos que se sacan los pelos por entretención, luego pasó por el maricón que no se había dejado ser, y ahora ya está todo morado, caminando por ahí, lleno de penas que van junto a él, por encima suyo, pero caminando...
A veces va mirando de frente, a veces baja la mirada y se fija en sus pies, a veces mira al lado y extrañado a su mano... se da cuenta que no estaba la tuya. Se dió media vuelta a buscar a la niña de canas verdes... pero ese cuento para otro día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario