jueves, 24 de enero de 2013

Y si no me amabas... imposible

Era un día especial, por fin me vería con ella, que tanto tiempo llevaba alucinando verla, mirarla y que me mirase, con eso me bastaba para que fuera especial.
Pues estaba yo esperándola sentado en una fuente, situada en un lugar donde no vale la pena recordar, cuando de pronto se aparece. La vi a la distancia aunque no pude mirarla muy fijamente cuando mi celular suena. Bajo la cabeza para ver que era un mensaje de texto de alguien que tampoco vale la pena recordar. Tan solo decía una palabra, un cosa y nada mas, eso basto para darle vuelta a mi día especial, para darle vuelta a la semana, a los meses a los años y a mi vida completa: "murió". Desde ese momento recuerdo solo que algo se fue dentro de mí, como si me sacaran todo lo que tenía dentro y que quedé como una simple caja vieja de zapatos, lleno de penas. Al momento levante la cabeza y vi que ella estaba en frente mio, aunque realmente no la vi estaba cegado de pena y de lamentos, solo recuerdo una sonrisa, como un gesto, sin rostro. Sabía que tenía que irme lo más pronto posible así que no dudé en decir rápidamente un: lo lamento tengo una emergencia y me tengo que ir, pero al momento de hacer el mas mínimo movimiento para hablar sentí que un llanto descontrolado estaba atorado en mi garganta, y que instantáneamente mis ojos se humedecieron, pero ni una lágrima derrame. Recuerdo que ella levanto su mano y se dirigía a mi hombro, como con un gesto de compasión, de desconcierto y de duda, sin duda de preocupación. Atiné y antes de que pudiese tocarme me largue a correr, como nunca antes lo he hecho, corría de mis miedos, de mi dolor y estúpidamente, de ella.

Sin darme cuenta llegué a la casa de mi madre, fue como un salto temporal ya que no recuerdo el camino, solo que empecé a correr y así nada mas, llegué. En ese momento recordé algo que me dijo mi madre cuando era niño: cuando alguien muere, queda su alma rondando en su cuerpo unos minutos, para hablarles y despedirce de sus seres amados, amados de verdad, pero que la pena de aquellos seres con la partida, formaba una especie de barrera, que impedía la comunicación. En ese momento despejé mi mente de todo, entré en un estado blanco.

Entré a la habitación y vi a quien me dio aviso del acontecimiento llorando junto al cuerpo. Le abracé y le pedí que me dejará a solas con ella cinco minutos, accedió y salió de la pieza.

Me senté de rodillas para ponerme en disposición de efectuar las palabras de mi madre, y comunicarme pues con ella misma, mi madre. Respiré profundamente y le tome la mano. Dejé que la neutralidad se apodarace de mí debía de estar loco, cualquiera estaría llorando como loco, pero yo creía en sus palabras. No sabía por donde empezar a si que me plantié la idea de recordar un momento feliz con ella. Nada apareció. Por largos y eternos segundos me sentí muerto, no escuchaba nada dentro de mi ni fuera, estaba todo en el vació, y derrepente una imagen se me apareció. Era yo de niño mirando a mi madre que me contaba unas palabras que hasta ese momento no recordaba muy bien, decía: Me he preguntado mil veces como sería no amarte, mi niño, como desaferrarme de ti, y no puedo, nunca lo haría, y nunca lo haré; Y si no te amara... ... imposible. En ese momento me volvió el color a la mente, abrí los ojos y di una brusca inhalación, como si no hubiera respirado en un largo tiempo. En ese momento supe que hablé con ella, con su espíritu, con ella. No fue un dialogo como alguien creería, una torpe imagen de un fantasma al lado mio conversándome, fue algo mucho mas profundo. Yo sé que esa fue su manera, que conversamos y aunque no tenga pruebas no me importa, es mi fé la que me lo hace ver así, como quien da fé a Dios, yo le doy fé a esto.

Pasaron largos meses de pena, aunque traté de no sufrir, y un día especial me llama la de la mirada que yo quería ver, me dijo que quería verme, que de una u otra forma se enteró de lo sucedido y que le aconsejaron que no interfiriera, que mi dolor iba mas allá de necesitar compañía. De seguro le debe de haber dicho un amigo sercano mío, que me conoce bien y sabe que necesito de mi tiempo a solas para superar grandes acontecimientos, pero que sin embargo ha estado preocupada por mí. Accedí a vernos y quedamos en el mismo lugar ese mismo día.

Sentado en la fuente, con los mismos nervios de la primera vez, me fijo que venía a lo lejos y sin darme cuenta la tenía en frente. Sus ojos, eran bellos, de una mirada profunda pero infinitamente amable. Me regaló una sonrisa, que yo atesoro hasta el día de hoy y dijo:

- ¿por qué me costó tanto dar contigo?
      En ese momento recordé cuantas veces evadí vernos de pura cobardía y timidez mía.
- tenía miedo - dije
- ¿miedo de qué?
- ¿y si no me amabas?
       Pero que idiota fui al decir eso, ni idea de porque lo hice, estaba enamorado, sí, pero no tenía para qué hechar todo a perder. Sin embargo, ella contestó de una manera que me hizo recordar muchas cosas, y sin duda me sentí como al lado de ella de nuevo, como si reencarnara en otro amor, y sin duda me hizo pensar que la persona que tenía en frente, sentía lo mismo por mí, de lo que yo sentía por ella.
- imposible



"Esas penas que van más lejos que los llantos,
Esas alegrías que van mas lejos que las risas...
Y viceversa"

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