Eran las 10:53 de la noche, lo decía el gran reloj del metro que estaba en el centro, de la línea 2, en que un niño iba a un asiento a esperar el metro. El pequeño niño llevaba un sabroso jugo de naranja, pero no lo había abierto. Al tiempo llega un anciano, y se sienta al lado del inocente pequeño.
-Hola chico- saluda cordialmente
-Hola señor- responde el niño, con una dulce y tierna voz
-¿Dónde vas pequeño?
-Voy a la última estación señor, ¿tú?
-Yo, a ningún lado, por el momento- al instante se ríe -pasare aquí la noche, ¿pero a que vas a la última estación?, tu casa, tus padres, ¿qué?
-No se aun señor, yo creo que a tomarme este jugo de naranja
-¿Pero y tus padres?
-Supongo que deben estar tomando jugo de naranja, aya en el cielo. Mi abuelo, que de seguro esta con ellos, me dijo que las personas que morían terminaban en el cielo, que según yo, esta cerca de la ultima estación de la linea 2
-¿Y tú los vas a visitar?
-Si me encuentro con ellos, me tomare mi jugo junto a ellos, con su permiso, a llegado el metro, a sido muy agradable estar con usted, muchísimas gracias, a sido maravilloso- el niño entra al vagón pero este no cierra sus puertas aun.
-Oye pequeño, ¿por qué a sido tan maravilloso?- pregunta el viejo algo desconcertado.
-Yo tengo las respuestas, pero no las preguntas. Gracias a usted, ahora tengo las preguntas- dice el niño, y al instante de terminar sus intendibles palabras, se cierran las puertas del metro.
emi yo te amo! xD
ResponderEliminarenrealidad es hermoso